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¿Tu empresa está realmente preparada para una fiscalización de SUNAFIL?

Una fiscalización laboral no necesariamente se convierte en un problema por la existencia de un incumplimiento. En muchas empresas, la dificultad aparece en algo mucho más básico: demostrar, de manera rápida, ordenada y consistente, que sus procesos laborales se encuentran correctamente sustentados.

Cuando llega un requerimiento de información, ya no basta con saber que un cálculo se realizó correctamente o que determinado documento existe. La empresa necesita poder localizar la información, relacionarla con el trabajador correspondiente y sustentar lo ocurrido durante el periodo solicitado.

El verdadero nivel de preparación, por tanto, no se mide únicamente por el cumplimiento de las obligaciones laborales, sino también por la capacidad de demostrarlo.

La Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL) puede realizar actuaciones inspectivas para verificar el cumplimiento de la normativa sociolaboral y de seguridad y salud en el trabajo.

Dependiendo de la materia fiscalizada, una empresa puede necesitar sustentar información relacionada con remuneraciones, beneficios sociales, contratos, jornada de trabajo, asistencia, vacaciones, licencias, aportes y otros registros laborales.

El problema comienza cuando esa información se encuentra distribuida entre diferentes fuentes:

  • archivos de Excel;
  • documentos almacenados localmente;
  • correos electrónicos;
  • sistemas independientes;
  • controles manuales;
  • archivos físicos;
  • información administrada por diferentes responsables.

En esas condiciones, responder correctamente puede convertirse en un proceso de reconstrucción de información.

Y mientras mayor sea la cantidad de trabajadores, incidencias, sedes, centros de costo o modalidades laborales, mayor puede ser la complejidad.

Una de las primeras preguntas que debería hacerse una empresa es muy sencilla:

¿Podríamos explicar hoy cómo se obtuvo la remuneración de un trabajador de hace seis meses o un año?

No se trata únicamente de conservar una boleta.

Detrás del resultado pueden existir horas extras, tardanzas, faltas, bonificaciones, comisiones, vacaciones, licencias, descuentos, préstamos, subsidios, retenciones y otras incidencias que modificaron el cálculo.

Una gestión adecuada debería permitir relacionar esas variables con el resultado final.

Si para hacerlo es necesario revisar diferentes archivos y consultar a varias personas para reconstruir lo sucedido, existe una señal de alerta.

CTS, gratificaciones, vacaciones y liquidaciones dependen de información acumulada durante determinados periodos.

Por eso, ante una revisión, tan importante como conocer el monto pagado es poder identificar qué información originó ese cálculo.

Por ejemplo:

¿Qué conceptos formaron parte de la remuneración computable?

¿Qué incidencias fueron consideradas?

¿Qué periodos se tomaron en cuenta?

¿Hubo modificaciones posteriores?

¿Existe evidencia del cálculo realizado?

Cuando estos procesos dependen excesivamente de hojas de cálculo paralelas o controles manuales, aumenta la posibilidad de encontrar diferencias entre lo calculado, lo pagado y lo posteriormente declarado.

Otro punto importante es la documentación que sustenta la relación laboral.

Contratos, adendas, renovaciones y otros documentos deberían encontrarse correctamente asociados al trabajador y al periodo correspondiente.

El riesgo aparece cuando parte de la documentación está en archivos físicos, otra parte en carpetas digitales y otra depende del responsable que realizó determinado proceso.

En una organización con cientos o miles de trabajadores, la dispersión documental puede transformar una solicitud relativamente sencilla en horas o días de búsqueda.

Una estructura centralizada permite responder una pregunta fundamental:

¿Qué documento corresponde a este trabajador y cuál era su situación laboral en la fecha solicitada?

Los registros de asistencia constituyen otra fuente importante de información.

Marcaciones, tardanzas, horas extras, descansos, faltas, vacaciones y licencias pueden tener consecuencias sobre la remuneración.

Por ello, no deberían administrarse como información completamente aislada.

Por ejemplo, si determinado trabajador registró horas extras, la empresa debería poder identificar posteriormente:

Registro de asistencia → incidencia aprobada → cálculo correspondiente → planilla → pago.

Cuando existen diferentes sistemas y controles manuales entre cada etapa, pueden aparecer inconsistencias difíciles de explicar posteriormente.

La información laboral también termina reflejada en diferentes obligaciones y plataformas externas.

Por ello, es importante mantener consistencia entre los datos administrados internamente y aquellos utilizados para cumplir obligaciones ante entidades como SUNAT, AFP u otras instituciones relacionadas.

Una diferencia aparentemente pequeña puede obligar posteriormente a revisar varios procesos para determinar dónde se originó.

Por eso, la consistencia de la información es tan importante como su almacenamiento.

Este es probablemente uno de los aspectos más importantes.

Una empresa puede conservar grandes cantidades de información y, aun así, tener dificultades para explicar qué ocurrió.

La trazabilidad permite seguir el recorrido de un dato desde su origen hasta el resultado final.

Por ejemplo:

Incidencia → aprobación → cálculo → planilla → boleta → pago → declaración.

Si posteriormente se modifica alguna información, también debería ser posible determinar qué cambió, cuándo ocurrió y cómo afectó el resultado.

Ese nivel de trazabilidad facilita no solamente una fiscalización, sino también auditorías internas, conciliaciones y revisiones posteriores.

Existe una forma sencilla de evaluar el nivel de preparación.

Imagina que hoy se solicita información correspondiente a determinados trabajadores y periodos anteriores.

Pregúntate:

¿La información puede obtenerse desde una fuente centralizada?

¿Los documentos están asociados correctamente a cada trabajador?

¿Es posible reconstruir un cálculo histórico?

¿Las incidencias coinciden con lo procesado en planilla?

¿Los beneficios sociales pueden sustentarse desde su origen?

¿Existe trazabilidad sobre modificaciones y recalculaciones?

¿La información puede obtenerse sin depender de la memoria de una persona?

Si responder estas preguntas requiere buscar archivos, comparar múltiples hojas de cálculo o consultar a diferentes responsables, el problema probablemente no sea únicamente documental: puede existir una debilidad en la estructura del proceso.

La mejor forma de prepararse para una fiscalización no consiste en ordenar la información cuando llega una notificación.

Consiste en diseñar procesos capaces de mantenerla organizada permanentemente.

Centralizar la información laboral, automatizar cálculos y procesos repetitivos, integrar las diferentes fuentes de datos y mantener trazabilidad permite reducir errores y facilita recuperar información histórica cuando sea necesario.

Esto beneficia a la organización incluso cuando no existe una fiscalización.

Permite realizar auditorías internas con mayor facilidad, detectar inconsistencias antes de que se conviertan en problemas, disminuir el trabajo manual y reducir la dependencia de archivos o conocimientos individuales.

Una pregunta que toda área de RR. HH. debería poder responder

Estar preparado no significa tener cientos de documentos almacenados.

Significa poder encontrar, relacionar y sustentar la información correcta cuando se necesita.

Por eso, una buena prueba para cualquier organización es plantearse una situación sencilla:

Si SUNAFIL solicitara hoy información laboral de periodos anteriores, ¿cuánto tiempo necesitaría tu empresa para entregarla completa, consistente y correctamente sustentada?

Si la respuesta genera dudas, probablemente sea un buen momento para revisar cómo se están gestionando actualmente las planillas, documentos, incidencias y registros laborales.

Porque frente a una fiscalización, tener la información es importante; poder demostrar su trazabilidad puede ser todavía más importante.

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